Entrevista

El balón de fútbol que reclama un lugar en el pasillo rosa de juguetes

“Las chicas también tienen pies. Y ese es el único requisito para chutarme”

 


Bueno, conocemos tu trayectoria como uno de los objetos más valorados por los niños, el balón de fútbol. ¿Por qué ha empezado esta reivindicación?

Verás, llevaba toda la vida pensando que yo era un juego de chicos. A pesar de mi gran presencia en los parques, en las casas, hasta en los medios de comunicación… siempre me han asociado al mundo masculino. Pero las chicas también tienen piernas, ¿no? Luego saben chutar una pelota, regatear, dar toques, tirar de cabeza… Al menos, las que han podido probar. ¿Por qué no les dejan practicar? ¿Tú lo sabes? Nadie lo entiende, nadie me lo ha sabido explicar.

¿Quieres decir que es un mito eso de que las chicas no quieren jugar al fútbol?

El otro día descansaba en mi estantería de la juguetería. Una niña de unos 7 años me cogió y se puso a jugar. Iba con su papá y estuvieron un rato mirándome, haciendo pases… disfrutaban un montón. Entonces ella le dijo que me quería de regalo. Y el papá se extrañó y le preguntó si no prefería algo de chicas. Y se la llevó a ver muñecas. ¿Por qué? ¡No podía pedirse un balón porque era un juego de chicos! ¡Pero ella estaba jugando y es una chica! ¡Jugaban papá e hija, chico y chica!

¿Se repite mucho esta escena?

Por desgracia, sí. Mis compañeros, los demás balones, y yo lo hablamos a menudo. Cuando son bebés no tiene tanta importancia a qué juegan, pero llega un momento crucial en el que una niña pide algo que no corresponde a su sexo y le dicen por primera vez: «Eso no es un juego para chicas». ¿Qué pasaría si nadie dijera eso nunca más? ¿Cómo sería el mundo si cada niña y cada niño jugaran sin esos prejuicios que van aprendiendo cuando crecen?

Cuéntanos, ¿qué pasaría?

Pues pasaría que crecerían en igualdad. Y además, con más autoestima, con más seguridad y disfrutando mucho más del juego y de la vida. Aprenderían a ser personas adultas capaces de todo. Las cosas positivas que le vemos a cada género se unirían en todas las personas, en todos los hombres y todas las mujeres: la audacia y la sensibilidad; la capacidad de liderazgo y la empatía; la atención a las tareas de cuidado y la posibilidad de aventura. ¡Todo!


 

“Llega un momento crucial en el que una niña pide algo que no corresponde a su sexo y le dicen por primera vez: Eso no es un juego para chicas”

 


Tienes mucha razón, pero no parece fácil cambiar toda una sociedad, ¿no?

Como todos los cambios, llevan su tiempo. Pero los grandes cambios empiezan en algún momento. ¿Y si este año nos proponemos un pequeño objetivo, aunque sea uno? Revisemos la lista de regalos y que no todo sea sexista. No es tan difícil. ¿Probamos?