Entrevista

El juguete destapa la verdad: a los chicos también les gustan los caballitos

“Galoparé hasta un mundo mágico donde los chicos también jueguen conmigo”


Buenos días, pequeño caballito. Estábamos hablando de tus últimas declaraciones acerca de los chicos.

Hola, os cuento. Es importante que se sepa. A los chicos les gusta jugar conmigo. Tengo pruebas, esto no es una declaración falsa para conseguir atención pública. No busco la fama, solo quiero que se sepa la verdad. Un grupo de chicos juega conmigo todas las tardes y les gusta.

¿Por qué no íbamos a creerte?

Bueno, ya sabes, soy un unicornio con pelo rosa y vivo en un mundo de fantasía, donde todo es dulce y luminoso. Se cree que estos escenarios son solo para chicas, pero Pablo, Roberto y Ximo también me hacen galopar por ellos. Les da igual que les digan que soy para chicas y, sinceramente, es gratificante. Me gusta que les dé igual porque en realidad para ellos no es un insulto. Ser chica no supone ser menos, en ningún sentido.

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“No busco la fama, solo quiero que se sepa la verdad. Un grupo de chicos juega conmigo todas las tardes y les gusta”

 


¿Crees que todos los juguetes tienen tan marcado el género?

Los kits de construcción, los vehículos, los juegos de mesa y científicos, los animales como yo o los instrumentos musicales, por ejemplo, se supone que estamos hechos para fomentar la creatividad sin distinguir el sexo de quien juega con ellos. Pero acaban etiquetándonos también, a través de la temática o del color del embalaje. Hasta un patinete, algo tan unisex, se elige azul o rosa.

¿También crees que el sexismo se aprende jugando? Y, sí es así, ¿tiene solución?

Igual que un juego de construcción potencia su motricidad fina, los juguetes reciclados les acercan al medio ambiente, los juguetes de diferentes partes del mundo les enseña la diversidad, los juguetes no violentos les enseñan a resolver conflictos… Con juguetes y juegos sexistas interiorizan los estereotipos y la discriminación de género.

Si apoyamos sus gustos espontáneos, sean cuales sean, reforzaremos valores como la igualdad, la cooperación igualitaria o la empatía. Y les estamos diciendo que les queremos tal y como son, reforzando también su autoestima. Pablo, Roberto y Ximo son un caso poco habitual de chicos que no necesitan hacer cosas «de machote» para sentirse valorados.

Yo soy optimista. Sé que algún día galoparé por un mundo mágico donde los chicos no se escondan para jugar conmigo.